martes, 25 de octubre de 2011

LOGOTERAPIA… qué mejor que la voluntad de sentido


          Es el libro “El hombre en busca de Sentido” de Viktor Frankl, un punto de inflexión sobre lo que diariamente vivimos. Sobrepasamos baches, superamos problemas, convivimos con quién no queremos,  hacemos lo que no nos gusta… pero esto no es nada comparado con lo que el autor, psiquiatra y neurólogo austriaco sobrevivió en Auschwitz y Dachau.

       Quizás sea esta teoría basada en la motivación primaria del ser humano, la que nos haga ver pasar nuestra vida, vida que llena nuestros años. Admiro a todos aquellos que han sobrevivido ante trabas con límites insospechados, que contados parecen imposibles, pero son tan reales como que tú, lector, y yo existimos. Inconscientemente, puede que todo ser humano consiga sobreponerse a los imprevistos dando ese sentido que nos empuja a seguir, mirar hacia delante, nunca hacia abajo y que si lo hacemos; podemos volver al camino.

        Las ilusiones y las metas son necesarias para vivir, pero en su justa medida. Imprescindible, porque sin ellas rozamos la mediocridad, sin excesos porque nos aportan frustración.

   Entonces y enfocando esto hacia la educación como un paradigma… ¿por qué no empezamos a aportar SENTIDO a lo que aprenden nuestros alumnos? Esta pregunta la planteo para pensar y reflexionar sobre sí tratamos a los educandos como seres humanos que actúan motivados por el significado que tienen las cosas para ellos mismos… o como entes que escuchan un discurso. 

        Hemos de ser conscientes de que la sociedad evoluciona, y con ella las personas; por eso, debemos trasladar a las aulas este progreso y no hacer de la educación una enseñanza anacrónica que aburre a los niños que tienen todos los conceptos al alcance de un “clic” en sus pantallas.

      Concluyo de la siguiente manera: Si la logoterapia ha servido para superar maquiavélicas circunstancias, ¿no será su esencia de dar sentido, una buena técnica para enseñar?

martes, 4 de octubre de 2011

Reflexión Inicial...


          Tengo que reconocer, que cuando empiezo un curso y miro las asignaturas que tengo, siempre me cuesta tramitar y analizar el nombre de cada una de las materias. Cuando llegan las primeras sesiones, y conocemos a los profesores, parece fácil saber “de qué irá el cuatrimestre”... pero quizás, nunca me había parado a pensar en el significado de cada una de las palabras que componen el título de la materia con tanto detenimiento.

            Con este planteamiento, la primera idea que se le viene a uno a la cabeza es: “¡Si yo sé el significado de todas estas palabras!”. Es cuando te paras a pensar más allá, el momento en que eres consciente de que no sabes “nada” y llega la hora de hacerse preguntas que deben tener respuesta.

            Son muchos los sentidos que tienen las palabras; implícito y explícito, general y específico, individual y contextual. Me he dado cuenta que son diversos los detalles que en la vida cotidiana se nos escapan de las manos y que conforman nuestro día a día pasando desapercibidos. Necesitamos una reorganización lógica desde el conocimiento de todo el “batiburrillo” que tenemos de información. 

            Para esto es necesario un reclamo, una motivación que, a estas alturas de nuestras vidas, debe suponer voluntad y querer aprender para así, aprovecharlo. Tenemos muchos factores exteriores que nos ayudan, pero debemos ser nosotros mismos quiénes nos proveamos de materia y significado para llevar a buen término todo lo que recibimos. Conocernos a nosotros, hará que conozcamos mejor a los nuestros, y… cuando digo los nuestros, me refiero también, a los que serán nuestros alumnos algún día. 

            Soy consciente de que me queda taaaaaaanto por aprender… pero que el día a día va haciendo de mí misma una persona nueva, que a la vez conserva la misma esencia. Quiero más cultura, y sobre todo poder darle sentido en mi vida, para así… conseguir ser una buena maestra. Esto es sólo el inicio de una nueva asignatura, pero que abre las puertas a un mundo lleno de imaginación, capacidades y experiencias.

Bloque 0.- Introducción


    ¿Qué es literatura? Esta es la primera pregunta que nos tenemos que hacer para introducirnos de lleno en esta asignatura. Ya desde, la tan recurrida wikipedia, LITERATURA se define como “el arte que utiliza como instrumento la palabra (…)”. 

      Si enfocamos la materia centrándonos en los textos, hemos llegado al conocimiento de las características que debe reunir un texto literario: 

  •  INTENCIONALIDAD COMUNICATIVA Y ESTÉTICA. Primordial para que se de este tipo de expresión. La literatura utiliza estructuras concretas y específicas, como por ejemplo el verso, teatro… Por medio de los recursos lingüísticos y/o literarios (metáforas, recurrencias, comparación,…), para así conseguir esta intencionalidad estética literaria; no sólo la literatura utiliza estos recursos, pero si es requisito que un texto literario los utilice. La VOLUNTAD ARTÍSTICA, la intencionalidad principal del autor y del texto rodean la misma finalidad. Por otro lado, hoy por hoy… se está creando “literatura de mercado” o “subliteratura”, que comparte criterios literarios, pero está hecha sobre unas plantillas de márketing.
  • Tiene que poder incluirse en uno de los tres géneros literarios: LÍRICA, TEATRO y NARRATIVA.
  • Los textos son de FICCIÓN (no fantasía, si no ficción…), es decir, que no es realidad, aunque a veces la ficción se base en hechos reales, pero aún con esto, una cosa es una autobiografía de Napoleón y otra una novela histórica de Napoleón que habrá “ficcionado” situaciones.


      Al lado de los textos literarios, se desarrolla la paraliteratura, que son textos que comparten prácticamente todas las características de la literatura excepto dos o tres, no es peor que la literatura sino que no son ficción y la intencionalidad no es artística.

     A todos estos criterios que hacen de un texto que sea literario, señalamos las siguientes características:

  •  Originalidad
  • Estética
  • Estructura específica, haciendo referencia al contenido y a la forma
  • Lenguaje connotativo (incluido en las funciones del lenguaje).
  • Funciones del lenguaje: poética y expresiva (el estilo) que hacen referencia a cada uno de los aspectos del acto comunicativo y siempre se van a dar todas las funciones, predominando unas u otras.
  • Importancia del significante (incluido en el acto comunicativo)
  • Es un acto comunicativo, con un autor; un texto oral o escrito que tiene un contenido y forma; lector u oyente; canal, que es el libro u oral; el código, que es el idioma con las características del momento de haberse escrito (* ojo con los textos traducidos ya que la forma no siempre es la misma), hay adaptaciones y traducciones; referente que es el significado del texto, algo muy importante porque es lo que EL ESCRITOR QUERÍA ESCRIBIR; contexto; el referente del receptor que es el significado que le da el receptor)
  • Coherencia y cohesión
  • Construcción progresiva del sentido


         La literatura es un mundo, para grandes y pequeños, para el sexo masculino y femenino, para los de derechas e izquierdas… para TODOS. Pero lo que ahora y a nosotros nos compete es la LITERATURA INFANTIL y… ¿cuándo la literatura se considera de este tipo? La respuesta la encontramos a continuación:
  • Es la literatura con un receptor implícito. Cuando el autor las escribe, piensa en unas características específicas en su receptor, y este receptor son los niños. Por tanto, es una LITERATURA DIRIGIDA A NIÑOS, con un límite aproximado que quedo determinado con la Ley del 70 con la colección de “El barco de vapor” hasta los 12 años (pubertad). A continuación, corresponde la juvenil. Esta clasificación se hizo porque hacía falta cierta objetividad que sirviese como guía.  Aún así, el profesor debe saber qué es conveniente para sus alumnos, debe conocerlos y preocuparse y, según la sociología de la clase, decidir qué sugerirles para leer.
  • Además, el personaje de la literatura dirigida a niños, suelen ser ellos mismos. Debe adecuarse al vocabulario y la forma de hablar de un niño. Estos libros, recogen el momento evolutivo del personaje y se adecúan al desarrollo del protagonista, y por tanto del lector. Es por esto, fundamental CONOCER los MOMENTOS EVOLUTIVOS de los niños en general, conocer el momento afectivo en el que se encuentran, pueden ser más familiares o sociales según la edad. Por ejemplo, un niño de 6 años no tiene pandilla, mientras que uno de 10-12, empieza a tenerla. (Las editoriales siempre están al tanto de los gustos de su público)
            Hay opiniones o corrientes, que incluyen como literatura infantil, aquella que sin ser en sus orígenes destinada para niños, se ha ido otorgando socialmente para que ellos la leyesen, a este sector, lo denominaremos “LITERATURA GANADA”. Un ejemplo de esta literatura, son las famosas aventuras de “Pipi Calzaslargas”, historias que, no tienen un mensaje que podríamos dedicar a nuestros más pequeños, pero que… por tener un personaje divertido y revoltoso, hemos adjudicado y visto todos siendo niños.

      Los intereses de los niños van por modas, factor que hace que cambie el gusto de los niños. Un buen maestro, debe conocer para poder transmitir, es decir, un profe para poder recomendar lectura, debe leer y conocer.

            Para concluir la introducción a la asignatura, especificaremos a qué vamos a llamar nosotros CULTURA LITERARIA. Según el carácter de la gente, en cada lugar hay un tipo de cultura. Por ejemplo, en  Italia y España, se lleva la “literatura del tonto y del listo”, en el África negra la literatura escatológica,... Pero nosotros, vamos a hablar de la cultura literaria del entorno cercano al niño. 

      Entonces, la CULTURA LITERARIA es el sustrato cultural literario. MARCO DE DETERMINADOS CONOCIMIENTOS BÁSICOS, PARA PODER ENTENDER LA LITERATURA. Por desgracia, no todo va destinado al gusto y al placer. Se aprende la clasificación de los tipos de textos, las partes de una narración... Tener unos conocimientos mínimos y básicos adecuados a las edades nos aporta cultura literaria, y en nuestro caso de maestros, el niño aprenderá la “cantidad” que el currículo nos determine.