Una de las razones por las que
hoy por hoy más se conoce este sobrecogedor e impresionante poema (1875) de
William Ernest Henley, es la película de mismo título dirigida por Clint Eastwood y protagonizada por Morgan Freeman,
Invictus, incluido originalmente en la colección "In Hospital".
Es
una excusa perfecta para reflexionar sobre unos renglones que no tienen
desperdicio; de hecho, Nelson Mandela los tuvo escritos en una hoja durante su
prisión sirviendo de motivación para dar sentido a sus años de cautiverio y poder sobrevivir.
Y es que, el autor de este poema no fue menos admirable que Mandela; Ernest Henley fue
un niño con serios problemas de salud que acabaría escribiendo diversos poemas, fue crítico y editor de la Revista de Arte y, por su amputación de una pierna, dejó como legado literario el personaje de Long John Silver, el personaje con pata de palo en la "Isla del Tesoro".
Buscando
el significado de Invictus (Invicto),
he conocido la raíz latina: INCONQUISTABLE, y me quedo con este adjetivo porque,
en mi opinión adquiere así más significado si cabe. Aquellas personas que
reciten este poema con sentimiento, será porque, por circunstancias de sus
vidas, se sientan orgullos de ser “el amo de sus destinos, el capitán de sus
almas” y, el hecho de ser dueños de nuestro propio destino en esta sociedad que
puede ser conquistada por tantos valores insignificantes, es algo que me
emociona; me emocionó al oírlo en el cine viendo el maravilloso papel de Morgan
Freeman y me emociona escuchándolo de nuevo en fragmentos que lo extraen.
Sin
darme cuenta, en mi evolución como persona, son palabras que me hicieron pensar
y hacerme más fuerte ante ciertas adversidades y valorar más lo que cada día
tengo. Son pequeños fragmentos, los que a veces nos hacen sentir bien leyéndolos
una y otra vez.


